Es necesario que las campañas para promocionar preservativos tengan en cuenta su correcta colocación y consejos sobre el empleo de lubricantes, para reducir posibles deslizamientos o roturas.

Una utilización adecuada y continua del condón proporciona un elevado nivel de protección frente a las infecciones de transmisión sexual (ITS) de origen bacteriano, según informa un equipo de investigadores de EE UU en la revista Sexually Transmitted Infections. Las personas que siempre usaron preservativos de forma correcta fueron casi un 60% menos propensas a ser diagnosticadas de una de dichas infecciones. Sin embargo, también se comprobó que el hecho de considerar únicamente el empleo constante del preservativo no se relacionó con un menor riesgo de contraer una ITS bacteriana.

Los condones constituyen una de las piedras angulares de las campañas de promoción de la salud sexual y de prevención del VIH. Existen numerosos estudios de calidad que han evidenciado su capacidad para proteger frente a la transmisión de hombre a mujer de herpes, clamidia, gonorrea, sífilis y el virus del papiloma humano (VPH). Con todo, la capacidad de los preservativos para proteger frente a la adquisición de ITS sigue suscitando polémica.

La investigación en torno a este tema ha presentado varias limitaciones importantes, como la de no tener en cuenta el uso incorrecto de los preservativos (no utilizarlos durante toda la relación con penetración) ni los ‘accidentes’, como que se resbalen o se rompan, algo que a efectos prácticos puede tener un efecto similar a no emplear preservativo.

Un estudio prospectivo de personas usuarias de clínicas de salud sexual descubrió una incidencia de clamidia y gonorrea del 13% entre personas que declararon un uso constante del preservativo, pero que también informaron de al menos un problema relacionado con su utilización incorrecta. Por el contrario, entre las personas que afirmaron haber empleado el preservativo de forma constante y sin problemas no se detectaron infecciones.

En consecuencia, un equipo de investigadores de EE UU diseñó un estudio prospectivo que contó con personas atendidas en cinco clínicas de salud sexual. Los autores querían comprobar si la utilización habitual de los preservativos conseguía proteger frente a tres ITS bacterianas frecuentes: clamidia, gonorrea y tricomonas. Asimismo, querían determinar el efecto protector relacionado con un uso constante y adecuado de los condones.

El estudio contó con un total de 929 personas, que proporcionaron una muestra de orina al comienzo del estudio, otra a los tres meses y una última a los seis meses, para comprobar la presencia de ITS. La mayor parte de las personas participantes eran mujeres (55%) y de origen afroamericano (65%). La media de edad fue de 29 años y la media de parejas sexuales a lo largo de su vida, de 30.

Se informó de un total de 14.970 relaciones sexuales con penetración vaginal, en el 64% de las cuales se utilizó preservativo. Aproximadamente en la cuarta parte de las relaciones sexuales (24%) con preservativo se registró un error o un problema.

Durante el seguimiento se diagnosticaron 118 ITS, lo que supuso una incidencia de 8,46% entre las personas que comunicaron un uso menos constante del preservativo. Frente a este dato, la incidencia entre las personas que declararon utilizar los preservativos fue del 6,71%, aunque la diferencia no llegó a ser estadísticamente significativa.

La incidencia de infecciones de transmisión sexual entre las personas que declararon un empleo menos frecuente de los preservativos, un uso incorrecto o problemas con los mismos fue del 8,75%. Por su parte, la incidencia entre los participantes que indicaron una utilización constante y correcta de los condones fue significativamente menor: 3,35% (p= 0,023).

Los participantes que usaron los preservativos de forma correcta y constante fueron un 59% menos propensos a adquirir una ITS a lo largo de tres meses, en comparación con los que no emplearon así los condones. Los autores consideran que si este dato se extrapola a toda la población sexualmente activa, la reducción de riesgo sería notable.

De todos modos, el equipo de investigadores cree que sus hallazgos probablemente están subestimando el efecto protector de los condones frente a las ITS bacterianas, ya que los seis casos observados en el caso de la población que utilizó los preservativos de forma constante y correcta pueden haber sido resultado de un accidente o una relación sin protección de los que no se informó. Por otra parte, señalan que cuando se depende de las declaraciones de los propios participantes es inevitable que se produzcan sesgos debido a que se olviden cosas, se exageren los aspectos positivos o se tienda a minimizar los negativos.

En sus conclusiones, afirman que deberían intensificarse las campañas de promoción de preservativos, haciendo hincapié en la promoción de su uso correcto, por ejemplo, centrándose en aspectos como su incorrecta colocación o el empleo de lubricantes de base oleaosa, que pueden influir en el deslizamiento o la rotura de los mismos.

Fuente: Aidsmap.
Referencia:Crosby RA, et al. Condom effectiveness against non-viral sexually transmitted infections: a prospective study using electronic daily diaries. Sex Transm Infect, online edition. DOI: 10. 1136/sextrans-2012-050618, 2012.

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